Besos de reserva

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Nos hemos vuelto exquisitos.

Solo aceptamos los besos de labios carnosos y rojos como el vino. 

Maduros. Húmedos. Sabrosos. Como una manzana envenenada.

Y los guardamos en un lugar íntimo y escondido, recóndito de nuestras cabezas.

No nos damos cuenta que deberíamos guardar los besos en otro órgano vital,

también rojo.

 

 

foto: fragmento de una obra de Malcom T. Liepke

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