en un portaretratos.

Entrar en el despacho fue un shock para mí.
Ver todos esos souvenirs de los viajes, los pisapapeles de piedra, las fotografías familiares, las plumillas sin estrenar, la montaña de papeles con el logotipo rojo… todo amontonado en su escritorio en casa,  me hizo reflexionar largo tiempo, y caer en la conclusión de que no le conocía tanto como pensaba.
No era un adicto al trabajo y un cascarrabias. Ni era el que se enfadaba cuando tenía hambre. Ni era el cuadriculado y hermético. Era papá, sin más. El gran jefe “au”.


.lachicaimperdible.
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