del tiempo y la distancia

Nunca pensé que me costaría tanto empezar a guardar tu recuerdo en una cámara oscura. 
En mi caja de Pandora guardo domingos anestesiados, remiendos de hilo dorado, minutos agotados, fascículos de un amor atrincherado, soldados de papel, lamentos de humo extraño, silencios (incómodos) y doce palabras de amor desesperado.
Me siento inútilmente atada a tu pensamiento, a tu particular forma de mirarme, esa que me ha hecho esclava doscientoscuarenta días… y ahora tengo síndrome de Estocolmo. 
El tiempo no cura las heridas. Las abre aún mas todavía, las infecta.